El miedo, el gran elector

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La campaña por la Presidencia de la República de Colombia que finalizó el domingo se constituye, hasta el momento, en una de las más polarizadas en la historia de este país. Como toda contienda política, algunos celebran la victoria, otros deben afrontar la derrotar en el marco del complejo juego de la democracia. Una democracia que se construye sobre las diferencias entre cada uno de los integrantes de la sociedad.

En el marco de lo que fue la contienda electoral por la Presidencia de la República, se puede se puede señalar que uno de los protagonistas principales de la campaña fue el miedo, que se convirtió en el hilo conductor del discurso comunicativo de las diferentes campaña con el fin de restarle espacio o votantes a los candidatos rivales.

Haciendo un pequeño viaje al pasado, encontramos un antecedente en lo que fue el plebiscito por la paz llevado a cabo el 2 de octubre de 2016, en el cual triunfó el NO (rechazando los acuerdos), sobre el SI (ratificando); la BBC al analizar lo que fue la jornada, citó a la profesora y periodista Ana Cristina Restrepo, quien aseveró que el porcentaje mayoritario por el No (50,21%) refleja “el triunfo del miedo”, acto seguido afirma que ese sentimiento se constituye en el gran elector en Colombia“.

El 4 de octubre siguiente al plebiscito, el gerente de la campaña por el NO, Juan Carlos Vélez, en una entrevista con Juliana Ramírez del diario La República, contó como se llevó a cabo la estrategia y financiación para que el NO se impusiera ante el SI.

En junio de 2017 el periodista Daniel Coronell analiza, en su columna habitual en la revista Semana, los acontecido al interior de la campaña del NO y manifiesta: “Es también la confesión de que el No recurrió a una campaña engañosa basada en el fomento de la indignación, la exacerbación del miedo y el estímulo de la crispación”.

El miedo no constituye, una novedad, desde el origen de la humanidad se ha constituido en una parte esencial de lo que nos define como humanos, su uso como componente del discurso político se constituye en una característica esencial de lo que fueron las campañas del plebiscito (2016) y la elección de Presidente para el periodo 2018-2022 en Colombia.

¿Qué es el miedo?

El miedo es considerado, según la Real Academia Española (RAE), como aquella angustia que surge en los seres humanos ante la posibilidad de tener que hacerle frente a una situación de riesgo o daño, en el mismo sentido establece la RAE que ese miedo puede ser real o imaginario.

National Geographic señala que el miedo en las sociedades prehistóricas se constituía en un componente innato en nuestros antecesores, un miedo que los colocaba a salvo de depredadores, de las inclemencias del tiempo y otra series de amenazas en esos tiempos. El miedo contribuyó a la supervisión de la especie.

El uso del miedo como herramienta política hace su aparición en la sociedad moderna a tal punto que, según National Geographic, esas teorías han sido utilizadas por los grandes poderes con el fin de ejercer un control sobre las masas o incluso para moldear poblaciones a su antojo.

Asegura la publicación que “…la fundación de terrores en contra de otros colectivos o etnias ha ayudado a la consolidación de sistemas políticos, demonizando y achacando males y peligros a diversos grupos que en muchas ocasiones distaban de encarnar las características que se les atribuían”.

La mentira como arte en la política

Que Colombia iba a terminar como Venezuela, que se acabaría la libertad de empresa, que iban a expropiar, que los paramilitares o guerrilleros se iban a tomar el poder, que iban a acabar con la sustitución pensional, que acabarían con la tutela… con la constante emisión de ese tipo de mensajes transcurrió la campaña por la Presidencia de la República, todos ellos transmiten e infunden el miedo a la población.

El miedo según C. Robin, citado por Korstanje, es una tendencia conservadora cuyo fin es la perpetuación de determinados grupos sociales, los cuales no están interesados en fomentar una verdadera democracia, en detrimento de otros, afirma Robin que: “los regímenes políticos, de una u otra manera, han recurrido al miedo como un instrumento de legitimación”.

Los diferentes mensajes políticos transmitidos en las campañas del plebiscito por la paz y la elección presidencial, sin lugar a dudas propician el miedo. Este sentimiento, en palabras de Robin, nace en el interior de los integrantes de la sociedad cuando “… las cosas que hemos aprendido a valorar parecen estar en peligro o en camino a su destrucción”.

La transmisión de mensajes hoy día responde a una dinámica muy distinta de lo que fue a comienzos y mediados del siglo pasado. Hoy gracias al avance tecnológico contamos con internet y redes sociales que masifican el acceso a la información, Swift nos acerca a la temática al afirmar que “..la mentira política entró en la era de la producción y del consumo de masa. La mentira es hoy día electrónica, instantánea, global; el producto de una organización racional y de una rigurosa división del trabajo”.

Consolidar la mentira como herramienta política para lograr el apoyo de las masas, ha conllevado a que los políticos desarrollen ciertas capacidades, como lo es la facilidad para transmitir la mentira. Al tener que “vender” un candidato político, la persona que transmite el mensaje debe ser capaz de hacerlo, sostiene Swift que “si se advierte que alguno de los miembros de la sociedad al soltar una mentira se sonroja, pierde la compostura o falla en algo exigido debe ser excluido y declarado incapaz” .

Transitamos por un camino en el cual, palabras de swift, establecer una diferenciación entre lo que es verdad y lo que es mentira se convierte en una actividad mucho más compleja y señala que “Quizás nos estamos aproximando a ese estado ideal en que el discurso político conseguirá, por fin, deshacerse de ese fantasma de la verdad, que cual atávico remordimiento aveces aún lo persigue”.

El miedo, a través de la mentira política, ha llegado para quedarse e instalarse de manera oficial en nuestra sociedad, lo vamos a encontrar como protagonista de las futuras campañas a lo largo y ancho del territorio nacional. Por su parte las redes sociales se consolidarán como la autopista sobre la cual circularán las mentiras que propicien el miedo.

La sociedad debe formarse con el fin de analizar, de mejor forma, la información que día a día recibe por los distintos medios y redes, solo la capacidad de análisis conduciría a determinar lo que puede ser verdad y lo que puede ser mentira. La formación debe propiciar que los habitantes de un Estado generen opiniones basadas en conceptos y no en supuestos transmitidos por redes sociales.